El jardín

Por alguna razón, este cuentito me gustó, me gustó, me gustó…
…:::… lo comparto aquí también …:::…

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Divagaciones I: No me gusta y…

No me gusta lo que escribo,
ni debería de gustarme
¿o tal vez si? No importa.
Desconozco la trasendencia o la importancia de esto en este instante
(como así tampoco sus futuras implicancias).

Quizás deseo que me guste,
porque eso me haga creer que así a otros (también) les gustará.
Pero, ¿y si estuviera equivocado? No lo sé.
Entonces diremos que solamente es seguro que me guste que guste lo que escribo¹
pero, ¡momento! ¡no es seguro qué sea así, qué ese sea mi sentir!

Quizás, no me guste que guste,
porque un pensamiento remoto me diga que, si gusta, será racional…
¿y qué más da? Qué importa
¡y qué importa qué me importe!1604958_714331238585960_1398361784_n

Y más aún: ¡qué importa que importe!

Y mucho más aún: ¡qué me importa qué importe!

Y finalmente: ¡qué me importa!

… si al final de cuentas, leído ya he sido.


¹ sin prejucio de gustar en otros aspectos (si, gustar puede resultar agradable y egoico… algunas veces al menos)

Escrito Puto I: Quejidos putos, putos quejidos

¡Putos qué chillan como cabras!
(las cabras no chillan)
(los chanchos chillan, y no son putos…
¡qué mal!)

¡Putos qué molestan a deshora!
¡Deshonra la deshora!
¡Putos qué deshonran con su honra!
su honra mala, su malhonra (sic).

No hay hora para esto.
Y así van… cansando a todos,
sin doquier, sin querer (queriendo),
sin parar (sin querer parar);
y mientras tanto, yo
sin esperar, sin dormir, pero sin despertar
me veo atormentado en un mañana
sin llegada y sin llegar.insomnia

¡Putos aquí, putos allá
y putos acullá!
¡Puta la vida, la vida puta!
en esta noche de perros y de putos
(de putos perros)
¡ya no me duermo más!
por esos putos, chillidos… chillidos putos
que no se acaban más.

Dibujitos cursis, adolescentes

te-odioDibujitos de corazones cursis, adolescentes;
yo los aborresco y los desprecio.
Pero aun así y tal vez por eso los requiero,
porque escribir con odio de verdad hoy quiero.
Y como de odio en mi vida escaseo, más bien carezco…
ahora evocarlos requiero,
para poder volcar con desdén y desprecio
mi tinta más amarga sobre estas páginas condenadas…
que prefieren mis palabras duras y ajadas,
antes que a ustedes, dibujitos cursis, adolescentes.

Bocetos al bostezo 2: La mujer, el amante, y la rebelión de sus sentimientos ante el reencuentro y el encuentro

[…] algunas veces en la vida… los orgullos, que pelean, dividen y separan… algunas veces, desaparecen o caen rendidos ante el amor inocente, que velozmente y sin quererlo, del ego y de la mente se adueña […]

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Luego de tanto tiempo sin saber nada del todo y de la nada, de estar desconectado, ocultado, perdido (hasta de sí mismo), sintió que algo faltaba desde aquella pena última, pasada, en su vida, apenas recién restaurada.

Esos últimos tiempos, más bien recientes, su soledad presente -antes añorada y ahora disfrutada- se volvía día a día más patente y cuando podía le susurraba (más bien anunciaba) que ésta tranquila etapa ya acabara.

Y así uno de esos días, pequeñeces del cosmos, cositas del destino, llamó ella: aquella mujer, alguna vez anhelada, otra vez odiada, y más tarde, deseada, pero nunca nunca, olvidada…

Al escuchar su voz, el orgullo en él, tan poderoso, silencioso y misterioso, se puso alerta… ¿amor? por las dudas, no podría permitirlo; a fin de cuentas, algún recuerdo errante y metido, chusmeaba que (el orgullo) habría sido herido.

Hmmm… ¡orgullos! son iguales en todas las gentes: guardianes del ego y carceleros de la entrega (a la cual dejan ausente).

Pero esta vez no. Esta vez se veía, sería diferente. Mientras ella hablaba y atento el amante la escuchaba, su amor -largamente dormido- emocionado ahora despertaba; por supuesto, a su corazón realmente no le importaban, historias seguramente falaces -de recuerdos chusmas- mal habladas. Tan fuertes, tan intensas estas renovadas emociones eran, que previendo su derrota y sin resistencia alguna, don orgullo se escabulló disminuido, casi avergonzado de su ya repetido hastío.

Porque ahora sí, el destino deparaba un amor poderoso, y tal vez desconocido. Pero para ellos no importaba. Su común deseo de encuentro, mutuamente compartido, pronto sería cometido….

≈ Fin? ≈

Puede el lector encontrar más textos inspirados en «sentimientos profundos» en el blog «Profundo Sentir»

Bocetos al bostezo 1: El Escriba y la trascendencia del todo y de la nada

[…] y ya no quiso nunca más escribir, y decidió entonces que solo leería; y leyó, leyó y leyó, hasta que sus viejos ojos cansados ya no pudieron más, y la ceguera se apoderó eternamente y para siempre de él […]

old_readerSe había puesto a escribir casi de repente, por un impulso desconocido y repentino. No era perfecto (y a decir verdad, le faltaba un tanto), pero ciertamente había una habilidad dormida que corría por su sangre, y decidió aprovecharla. En un momento dado escribió, escribió y escribió tanto que ya no hacía otra cosa más que escribir, y escribió acerca de todo: poesía, política, filosofía, artes y cuanta disciplina se conociera en la vida. Y así pasaron los meses, que luego fueron años y más tarde décadas.

Un día -cosas del destino (y de tato escribir tal vez)- sus activas manos perdieron toda su fuerza motriz y entonces ya no pudo más escribir, por lo cual para su sed de escritura saciar un escriba planeó contratar para sus dictados así plasmar.

Pero ingrata su sorpresa fue cuando descubrió que todos sus imperativos que el escriba -vaya- debía escribir, no eran ni fueron; ya no solo su letra estaba ausente, también sus ideas de los papeles rayados se habían alejado para siempre.

Tenía curiosidad por esos extraños y ajenos escritos leer. Había algo misterioso, oculto y llamativo que hacía que no los pudiera dejar de leer. Se sentía atraído y atrapado casi al perecer. Entonces leyó y le gustó; y cada vez que leía le gustaba más… y le gustó tanto que una furia envidiosa le surgió, y su alma entera se envenenó. Su ego de escritor superado, herido para siempre quedó, y ya no quiso nunca más escribir, y decidió entonces que solo leería; y leyó, leyó y leyó, hasta que sus viejos ojos cansados ya no pudieron más, y la ceguera se apoderó eternamente y para siempre de él.

Pero la vista no importaba ya. Entre sus viejos escritos abundantes y su lectura abrumante,  acerca de todo lo sabía y en ese justo instante comprendió que el resumen de la vida era nacer-vivir-morir; y que nacer era el principio, morir el final y vivir mucho más que lo transcurrido y que habiendo solo nacido y meramente perecido, solo le restaba morir.

Cuando decidido la cicuta bebió, su cuerpo murió. Pero su espíritu no estaba muerto, ni moriría nunca, pues antes tendría que haber vivido y al fin de cuentas eso nunca le sucedió.

 Fin 

Ensayo: ¿por qué se escribe?

¿Por qué se escribe? No lo sé

¿Por qué escribo? Tampoco lo sé.
Pero uno habla muchas boludeces a veces… Bueno, al menos yo hablo algunas veces, boludeces. Otras no.

Algunas veces deseamos recordar cosas habladas, y de hecho lo hacemos, pero con la pérdida fidelidad inherente al lenguaje hablado, que es así: temporal.

El lenguaje escrito, en cambio no. El lenguaje escrito llega y se queda, inmutable ante el tiempo… y es interesante, porque visto así, lo que está escrito con la mano no se puede borrar con el codo (aunque eso diga el lenguaje hablado… habladurías).

Pero en todo caso: en mi caso todo, escribo como hablo nomás… pero con una diferencia: lo que hablo queda atrás en el tiempo pasado. Pero uno, uno sigue y las palabras allá quedan, como testigos lejanas de lo que uno (ya) dijo… el tiempo quizás nos las borre del todo, pero si las irá diluyendo. En cambio los escritos, son resistentes… más que nosotros mismos, y que sus propios autores. Nosotros en el tiempo perecemos, pero los escritos, el tiempo los fortalece, porque cuanto más tiempo pasa, más valiosos se vuelven. Cada tanto en la historia de la humanidad, el hombre (quién más sino) se la da contra los escritos. ¡Cuantos incendios sufrió la Biblioteca de Alejandría (por mencionar una biblioteca famosa) debido a la estupidez humana… y más cerca en tiempo y geografía, por estas pampas nomás, mierdas dictatoriales quemaban cientos de miles de libros y escritos (para empezar y por no mencionar la seguidilla de atrocidades), haciendo además uso de una mounstruosa tergiversación del lenguaje: quemar era una práctica purificadora del ser que consistía en destruir cualquier cosa que pudiera invadir el ser nacional y católico…

Vaya arma poderosa la palabra…

Se mete en la mente y produce reacciones diferentes,

según quien la experimente.

Persiste y resiste en el tiempo,

aunque algunos a veces la ahuyenten.

Juntas y organizadas forman un escrito,

que es más eficiente, que un ejército destituyente

[…]